En el camino de la vida, a veces avanzamos, otras veces retrocedemos y otras tantas trastabillamos. Como jóvenes que somos tendemos más a trastabillar, y para evitarlo, a la hora de hacer algo resuena en nuestra mente la pregunta ¿Para qué? Sin embargo, al vivir en una sociedad consumista, se nos van impregnando distintos valores, quizás de forma inconciente, pero que hacen a nuestra forma de ser. Es así, que a la sencilla pregunta ¿para qué? Se la transforma en un ¿para qué sirve? De ahí, que avanzamos por la vida creyendo que esta pregunta es un criterio importante para llegar a cualquier tipo de aspiraciones a las que puede tender un hombre.
Reflexionando sobre la pregunta, descubrimos en la raíz, la marca de pensar que lo que no sirve no tiene un “para qué” importante. Es decir, todo en cuanto sirve, es importante; si algo no sirve para nada, no tiene demasiada importancia. Pero este criterio es una ilusión, porque quiérase o no, lo más importante es algo que en sí mismo “no sirve”, pero tiene más valor que todo lo que sirve. Expliquémoslo: todo lo que sirve, sirve para algo. Por ejemplo una escoba sirve para barrer; es decir, la escoba es un “medio” para adquirir un fin (barrer). Todo en cuanto sirve, es medio para “algo”, y no un fin en sí mismo. El problema radica en que dentro de nuestra mente no realizamos las preguntas tantas veces como sea necesario para encontrar la verdad. Sigamos con el mismo ejemplo para que se entienda: ¿para qué sirve la escoba? Para barrer ¿para qué sirve barrer? Para estar limpio ¿para qué sirve la limpieza? Para la higiene... Etc etc etc. Así podríamos seguir hasta que nos topemos con un fin en sí mismo… Por eso resulta absurdo preguntar por ejemplo: ¿para qué sirve la felicidad? Obviamente no sirve para nada porque como tal, es un fin es sí mismo.
Ahora bien, hecha esta reflexión y declinando el tema hacia el titulo del artículo, podríamos responder que Dios no sirve para nada ya que es un fin en sí mismo, el fin de todos los fines. Eso lo hace realmente poco atractivo para la mentalidad moderna y consumista, así el hombre ya no se interesa por Dios (y menos los jóvenes) simplemente porque no sirve. No obstante, Dios sí tiene un “para que” en nuestras vidas, en la medida que lo descubrimos de forma madura, coherente e inteligente, como “principio y fin” de la vida del hombre. Por esto Dios “sirve”, por ejemplo:
-Porque da fundamento último a la moral humana: es decir si el hombre y el universo “vienen de ningún sitio y van a ninguna parte” (afirmación atea) todo bien y mal es subjetivo y relativo. Siguiendo la lógica en el pensamiento, daría lo mismo matar a un chancho que a un niño (ambos son un conjunto de células, producto del azar). El discutir acerca de la base del código moral de uno es como desmontar uno de esos huevos rusos de madera, en que cada uno encierra otro aún más pequeño: "Creo que no está bien matar a otras personas"."¿Por qué?". "Porque siento un respeto hacia la humanidad"."¿Por qué?"."Porque soy humano y reconozco la afinidad de mi hermano"."¿Por qué?".etc, etc. Si uno cree en Dios llega a un último huevo que es compacto. y así termina el proceso (analítico) de desmontaje. Dios es sencilla y lógicamente un absoluto, un fin y no un medio, único en nuestra experiencia
-Porque le da sentido profundo a la vida de los hombres: es decir si el hombre y el universo “vienen de ningún sitio y van a ninguna parte”, es fruto del azar o de la nada (afirmación atea) es objetivamente un sin sentido, la vida y todos los momentos que la comprenden. Por eso, para un ateo objetivo, la vida es en última instancia para la muerte. Mientras que para el creyente, la existencia de Dios, implica creer que el universo tiene un propósito, que todo el proceso tiene un sentido básico fundamental y que nosotros somos una parte objetivamente importante en él
Simplemente hemos marcado 2 aspectos filosóficos, de “para qué “”sirve”” Dios en la vida” (dentro de otros muchos). Aunque descubriríamos más, al contemplar ¿Quién es Dios?... si realmente vemos en Jesús, “la cara visible, del Dios invisible” encontramos al Dios que se hizo hombre y murió en la cruz por amor a nosotros. Así el Dios de la historia, se convierte en fuente eterna de felicidad, para cada uno de nosotros: porque es la felicidad misma. Dios se convierte en Alguien en quien confiar, Alguien a quien amar, Alguien con quien hablar, Alguien con quien crecer, Alguien que misteriosamente está en todos lados, Alguien que conoce todo nuestro interior, Alguien que comprende lo que nos pasa, Alguien que nos trasmite seguridad, Alguien que nos enseña a vivir la vida, Alguien que nos da razones para perdonar, Alguien que nos da razones para amar, Alguien que nos acompaña en el caminar, Alguien que nos da esperanza, Alguien que nos alienta a seguir, Alguien a quien realmente le importamos… Alguien que le da sentido a los obstáculos de la vida, Alguien que nos ayuda a llevar en nuestras vidas la realidad del sufrimiento Alguien, que nos dice que la muerte no tiene la ultima palabra, Alguien que nos ayuda a mantener firme una escala de valores, Alguien que nos sostiene, Alguien que nos consuela, Alguien que nos ama y tan grande es su amor que dio la vida por nosotros…
Una vez que vivimos por Él, con Él y en Él, al preguntarnos para qué sirve Dios, solo descubrimos con desazón y vergüenza, lo tonta que es la pregunta.
